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Terapia Antroposófica del Habla y Lenguaje

                                                                                   "…Que mi palabra sea
                                                                                   la cosa misma,
                                                                                   creada por mi alma nuevamente."
                                                                                   Juan Ramón Jimenez (extracto)

Habla y lenguaje son compañeros entrañables en la aventura de la comunicación oral. A través del habla, entendida como vehículo receptivo-expresivo del pensamiento, el ser humano es capaz de descubrir, desplegar y ofrecer su interioridad en una exhalación conformada, primero en vocal, luego en consonante, y finalmente en su combinación.

La palabra, que nace de esta evolución y dinamismo gradual, y que se despliega hasta acceder a las alturas más sublimes de su gesto (e.g., oratoria) es, desde el punto de vista de la terapéutica antroposófica, el elemento dúctil que esculpe salutíferamente sobre los órganos físicos de un ser humano y apunta a ámbitos anímicos particulares. Esto es, palabras que incluyen los sonidos /k,g/ apuntan a la acción, /m,b/ al sentir y /d,t/ al pensar. En este sentido, la terapia también se centra en el uso de formas artísticas como la de ritmos ascendentes (e.g., yambo) y descendentes (e.g., troqueo), recitación y declamación, lírica, drama o épica, hexámetro y aliteración, y fonemas o según su pertenencia a los elementos tierra, agua, fuego y aire.

La importancia del movimiento en el acontecer del habla se insinúa en la relación ineludible entre los actos humanos del andar, hablar y pensar. Esta serie sugiere –en ese orden- la presencia del germen salutífero en el devenir de un ser humano. Esto es, al desarrollo paulatino del movimiento, que se inicia al nacer (e.g., movimiento supino, vertical, gateo, erguimiento y caminata), lo sucede el advenimiento del habla alrededor de los 12 meses de vida. Al ir, movimiento y habla, en progresiva y sana relación durante los primeros dos septenios de vida (i.e., de 0 a 14 años), se va preparando sutilmente el entorno fértil para un pensamiento claro, al completarse el tercer septenio de vida (i.e., 21 años).

Como consecuencia de lo anterior, movimiento corporal, ritmo y respiración conforman elementos esenciales de esta terapia. En este contexto, ella apunta a trabajar de la mano de las constituciones, los temperamentos, y sistemas neurosensorio, rítmico y metabólico-motor, del paciente. Esta terapia trata los desordenes propios de la comunicación oral (e.g., dislalia, disfasia) y, como parte del conjunto de terapias complementarias antroposóficas, apoya tratamientos médicos.

Finalmente, la terapia antroposófica del habla y lenguaje se entiende como un transitar en el "arte de la palabra" -cuya manifestación de fuerzas formativas de lo físico, refinan lo anímico y dan acceso al trabajo espiritual en el ser humano- hacia el equilibrio y la salud del individuo.

Andrea Bruna
Terapeuta del Habla y Lenguaje